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Estudios en el extranjero: Guías sobre estudios

¿Ser Bilingüe te hace más inteligente? La importancia de aprender un nuevo idioma.

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La expatriada Linda A. Janssen explica por qué aprender otro idioma no sólo es útil, sino también una herramienta para construir un mejor cerebro.

Recientemente celebramos el nacimiento de una hermosa bebé en nuestra familia. Bebé M, como me referiré a este adorable paquete de alegría, ha sido bendecida con dos amorosos padres. Además, obtendrá el beneficio de crecer con dos idiomas.

La mamá de Bebé M es bilingüe, su papá no. Cuando mi esposo me reveló, algunos meses antes de la llegada de nuestra hija, que estaba esforzándose por aprender mi lengua materna, no dudé en estimularlo y darle ánimos. No sólo porque soy bilingüe, aunque no completamente (al menos, no todavía). Mi mayor apoyo fue en el aspecto emocional, pues reconozco lo difícil que es aprender otro idioma y la importancia que ello implica.

Como la mayoría de los individuos que crecen en familias multilingües aseguran, la confusión de aprender dos (o más) idiomas es compensada con los beneficios que se obtienen. Partiendo desde lo más básico, comunicarte con otro en su propia lengua crea lazos. Ciertamente, algunos son más importantes y emotivos que otros; pero es indiscutible la conexión que se establece, bien sea que estés hablando con tu anciana abuelita, con un vecino o con un colega en el trabajo.

Por años hemos escuchado diferentes puntos de vista acerca de exponer a los niños a un segundo idioma. Diversos estudios demuestran que las personas, durante sus primeros años de vida, captan más rápidamente otras lenguas; aunque hay detractores que aseguran que el aprendizaje de varios idiomas influye de manera negativa, a futuro, en su desarrollo académico e intelectual. Siguiendo este argumento, una persona puede hablar Inglés, Español e Hindi; pero no siempre el dominio a nivel verbal y/o escrito será el mismo.

Sin embargo, en un artículo reciente acerca de los beneficios del bilingüismo, el periodista de ciencia Yudhijit Bhattacharjee asegura que estudios modernos sugieren que mientras exista interferencia entre un idioma y otro, surgirá un cambio continuo entre ambos, lo cual es muy bueno. Mejora la función ejecutiva del cerebro responsable, tanto del enfoque como de la alternancia, entre tareas fundamentales. “Obliga al cerebro a resolver un conflicto interno, brindándole a la mente un entrenamiento que fortalece sus músculos cognitivos”.

Luego de haber crecido dentro de un típico sistema educativo americano, donde no se incluye el estudio de algún idioma extranjero hasta los 14 años; conozco de primera mano el reto que implica aprender otra lengua. Trabajé duro y afortunadamente tengo afinidad con otros idiomas, pero sin haber gozado de los beneficios que ofrece Internet en la actualidad (sí, fue hace algunos años) y los enfoques de aprendizaje lingüístico de hoy en día, estoy condenada a ser una “perpetua intermedia”: leyendo mejor que hablando, con un nivel de comprensión auditiva debajo del promedio.

He repetido este proceso con un par de idiomas a lo largo de los años que llevo en el extranjero, de hecho lo vivo actualmente como expatriada en los Países Bajos. Pero esta vez el proceso ha sido distinto, invirtiendo muchas horas y esfuerzo en cursos intensivos. Disfruto los beneficios de encender la radio y la televisión y ser capaz de entender Holandés, escoger un periódico o abrir una correspondencia enviada por el gobierno local y leerlos, salir de mi casa y hablar con los vecinos, comerciantes y demás personas durante el día.

Mi esposo, perteneciente al grupo denominado “Chico de la Tercera Cultura” (es americano pero fue criado en Italia), está haciendo lo mismo con el Francés en su lugar de trabajo. Con mucho tiempo y dedicación, hemos aprendido bastante. Sin embargo, aunque seguimos siendo “perpetuos intermedios”, nos sentimos bien. Nos repetimos constantemente que nuestra lucha con los idiomas constituye una suerte de “gimnasia mental”, que mantiene trabajando, estirándose y creciendo a la materia gris.

Ahora, unos estudios de la Universidad de San Diego revelan que personas con altos niveles de bilingüismo son más resistentes al Alzheimer y la demencia. Tal parece que nuestra habilidad para comprar boletos en francés en una estación de trenes de París, ordenar un plato de pasta en italiano en Florencia, o regatear en español en un mercado en Acapulco es más valioso de lo que habíamos imaginado.

Bebé M crecerá bilingüe, reforzada por el ejemplo de su padre por aprender un segundo idioma; quien verá los beneficios de su esfuerzo en casa, en su carrera y en su cerebro; y lo mejor es que lo hizo por amor. Es por eso que voy a desempolvar mis viejos libros y cintas de idiomas, para poder hablar con Baby M en la lengua que ella elija.

 

La escritora y expatriada americana Linda A. Janssen vive en los Países Bajos. Su blog es www.adventuresinexpatland y puedes encontrarla en Twitter como @in_expatland

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SOBRE EL AUTOR

Licenciada en Comunicación Social, mención Comunicaciones Publicitarias.