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Vivienda y alojamiento en el extranjero

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Conseguir alojamiento en otro país al momento de estudiar fuera resulta una tarea ardua que conlleva reflexión e, incluso, malicia por parte de los universitarios. Las estafas son más comunes de lo que se piensa. Por eso, voy a compartir con ustedes una de mis experiencias al vivir en el extranjero y algunos consejos para que tengan en mente cuando busquen hospedaje en otro país.

 

En inglés hay un refrán que dice: You live and you learn. No importa cuántas veces escriba acerca de estos temas, a la hora de la verdad, lo que nos ayuda a aprender son las experiencias personales y los errores que cometemos. Yo contaré mi historia, y espero que, ya conociendo por boca ajena lo que otros son capaces de hacer, ninguno de ustedes tenga que pasar por una situación similar.

 

Muy bueno para ser real

 

Durante mi intercambio académico a Salamanca, que a la fecha de hoy todavía me quedan unas semanas en el exterior, decidí buscar dónde vivir en España junto a una compañera puertorriqueña. Al inicio, mientras nos quedábamos en un hostal, todo fue cuesta arriba: teníamos visas de seis meses y todos los apartamento que visitábamos nos exigían contrato de un año. Una tarde, ya un poco frustradas con tantos días de búsqueda en la ciudad, vimos un letrero que leía: “Se alquilan habitaciones.”

 

Tras hacer las gestiones pertinentes, esa misma noche ya nos habíamos mudado: por sólo 200 euros al mes, sin contrato porque éramos “estudiantes de estancia corta”, teníamos un techo con agua caliente, calefacción, electricidad, comunidad e internet incluídos. Además, teníamos un compañero de piso de un país francófono muy amable, con quien yo podía practicar la lengua extranjera. La otra chica puertorriqueña y yo pagamos la renta todos los meses, incluso en diciembre pagamos lo que nos quedaba por adelantado para ya no tener que preocuparnos por eso, a nuestro compañero, quien a nuestros ojos servía de intermediario entre el casero y nosotras. Pensábamos que todo marchaba bien, hasta la Víspera de Reyes de este 2012.

 

Intrusas clandestinas e ilegales”

 

Esa mañana del 5 de enero, el casero llegó hasta el apartamento y se encontró con nosotras. En una conversación que duró aproximadamente media hora, nos llamó “intrusas clandestinas e ilegales”, nos explicó que nuestro compañero de piso no le entregaba el dinero correspondiente desde hacía ya varios meses, y al final, nos enteramos de que él, el casero, nunca se había enterado de nuestra existencia en el lugar, porque contrario a como nos había dicho a nosotras en repetidas ocasiones, el estafador nunca le mencionó nada.

 

Luego de titubear si llamar a la policía o no, desistió de la idea y nos dijo que tanto él como nosotras habíamos sido muy engañados. Es aquí donde la historia toma otro rumbo. Días antes de Navidad, el compañero de piso estafador nos comentó que se iría a una ciudad vecina a trabajar por una semana. El casero nos informó que había llegado hasta el apartamento para verificar si lo que le habían informado era cierto...

 

La casa ocupada y un nuevo hogar

 

Y efectivamente, así fue: el hombre estafador se había marchado de vuelta a su país con sus pertenencias, ¡hasta el televisor!, y el dinero que le debía al casero más el que nos robó a nosotras. Para completar, su nombre real no era ése con el que todos le conocían aquí. ¡Una historia que parece de película! Todavía ninguna persona que nos rodea, ni nosotras mismas, podemos creer lo que hemos vivido. Claro, ya la situación se ha convertido en un chiste y una historia para contar. En su momento, obviamente, no nos pareció nada graciosa y mucho menos una experiencia grata.

 

Esa misma noche del 5 de enero, mi compañera y yo, “Homeless in Salamanca”, nos mudamos temporeramente al estudio de un amigo puertorriqueño que también realiza estudios en el exterior. Esos días, la broma para aliviar el estrés y disminuir las lágrimas fue: “¡Ustedes! ¡Ocupaban una casa y ahora han venido a ocupar la mía!”

 

Durante días, nos dedicamos a buscar un nuevo lugar dónde alojarnos. Se nos hizo muy difícil, ya que sólo nos queda menos de dos meses a cada una. Por si fuera poco, teníamos miedo de que, en un arrebato de cólera, el casero del piso donde vivíamos tomara acción legal contra nosotras, por lo que nos comunicamos con la embajada y hasta conseguimos información de asesoría legal gratuita.

 

Por fin, una semana y un día luego de nuestro desahucio, gracias a un servicio que ofrece la universidad donde estudiamos, encontramos un lugar en las afueras del centro de la ciudad. Firmamos un contrato mensual con la casera y vivimos tranquilas en compañía de una pareja española.

 

¿Qué hacer para evitar fraudes y conseguir un lugar seguro?

 

Buscar opciones dentro del campus, tales como residencias estudiantiles. Si éstas son muy costosas, como sucede en España y Australia, verificar si la universidad receptora cuenta con una oficina de servicios al estudiante que promocione viviendas en alquiler a bajo costo. En última instancia, ojear la sección de inmobiliaria de un periódico local.

  • No seleccionar un lugar porque sea muy económico. Estar muy pendiente de los pros y los contras del hospedaje.
  • Conocer en persona al dueño del lugar en renta y no hacer trámites con intermediarios.
  • Otorgar y exigir credenciales.
  • Pedir y firmar contrato, aunque sea por un mes.
  • Solicitar recibos de todo pago realizado, donde se estipule claramente la cantidad y la fecha.

Por: Pabsi Drums

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SOBRE EL AUTOR

Editor general de Hotcourses Latinoamérica.